Los románticos estamos perdidos en un reflejo del pasado,
desértico espejismo.
Luces que se convierten en sombras,
sombras que desaparecen con la majestuosa irreversibilidad
del dónde,
del cuándo,
o del cómo.
No hay porqués que valgan.
Las cuentas están saldadas.
Ya he pagado a mi puta.
Exijo una compensación.
Merezco la salvación.
No la redención cristiana,
no hay acto de constricción que valga.
Cuando el alma ha pecado tanto...
Los pecados de la carne se convierten en hechos pueriles,
en una mañana que no espera...
Momentos perdidos con la benevolencia del tiempo.
Por lo menos nos queda el recuerdo del tiempo pasado,
ese que se convierte en ficción del tiempo presente.
Perdona la poesía.





